El olor a pasto mojado

El olor a pasto mojado, la tarde de un fin de semana de verano, viendo a mi madre regar.

El sabor de un plato de huevos con rodajas de camotes fritos servido en la mesa de la cocina. La fría luz artificial. La puerta abierta de rejas negras. El viento entra sin pedir permiso. Mañana hay colegio.

El olor del auto nuevo de mi madre mientras conduce al supermercado. Los años ochenta están por morir. Todo es tan simple.

El ruido de los cuerpos jugando en la piscina, música tropical, los pies mojados de algún travieso entrando al baño de la casa. Yo, apurando las interminables tareas que nos dejaron en el colegio para el verano. Si no las termino, no puedo bajar.

El ruido de la pelota de básquet sobre el cemento todas las tardes. Crezco, no quiero ver a nadie. Ni a mis amigos. Creo que estoy buscándome.

Yo, aferrado a la pierna de mi madre, tengo ocho años y mucho miedo.

El dulce aroma de la avena caliente se esparce sobre mi casa y sobre mi memoria. He crecido con ese mismo aroma que ahora mi hija olfatea. Nuestra memoria explota. Estos son mis recuerdos. Ella empieza a construir los suyos. Es increíble lo que el olor hace en nuestra mente, lo que el tacto hace, lo que el ruido hace: catapultar sensaciones muy profundas. A veces camino por la calle y un olor específico me invade y me regresa a un tiempo mejor. El olor a alcachofa que a veces me golpea en el mercado es el olor que sentía al doblar una esquina que hasta ahora atravieso para ver a mi madre.

Es el olor de la avena caliente hecha por mi madre y hecha también por la tuya, Catalina.

Los caminos se encuentran y son muy simples. Están hechos de retazos, de recuerdos, de sensaciones.

Nos abriga un solo fuego: el que marcan momentos perfectos como estos.

Ni tú lo sabes aún, pero tengo 194 canciones en un playlist que lleva tu nombre. Son canciones bonitas como tú, sencillas como la vida en la que te imagino, sencilla pero contundente. Real. Natural. Llena de amor. En tu primer año elegí las primeras cien y el resto han ido cayendo por su propio peso. Quiero pensar que es la banda sonora de tu película, una película que, iluso yo, pienso que dirijo. Quién sabe si alguna vez las escuches o si acaso te gusten dos, 100 o una. Con esa una me conformo si es que logra atraparte como ahora mismo yo estoy atrapado, apenas escuches la primera nota. El primer olor. El primer sabor.

Ese único fuego que nos abriga.

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Publicado en: Tips

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