De la mano hacia la igualdad

A veces me sorprendo mirando profundamente a mi hija.

La miro y recuerdo todo lo que ha ocurrido en estos 4 años, las mil y un vueltas que nos ha dado la crianza: desde aquel primer mes en que, finalmente, nos conocimos; hasta su último cumple, cuando por fin logró apagar todas las velas de un soplido.

Todavía siento en la piel la placentera ansiedad al llegar a casa del trabajo esos primeros días, abriendo la puerta y olfateando instantáneamente su aroma dulce a colonia, ropa nueva, pañales y leche.

La escena, en la actualidad, se me antoja aún más feliz, pues ahora ella es quien me sorprende corriendo hacia la puerta para encontrarme y lanzarse a mis brazos.

Entonces yo la miro y no puedo más que enamorarme.   

Hay otras veces en que la miro y veo a una valiente mujer adulta. Es Catalina en el futuro, un hermoso y fuerte ser humano capaz de amar y siempre dispuesto a crecer libre y seguro.

Hoy la veo aprender todos los días, todo el día, conversar con nosotros muy desenvuelta, siempre ilusionada con el mundo. Valiente. Con esas ganas de querer comerse el mundo con amor. Una niña que, espero, crezca feliz, protegida por un escudo contra la ignorancia, contra la discriminación, contra la inequidad, contra el “nunca podrás hacerlo mejor que un hombre”. Pienso en esto y me parece casi imposible, pero son estos tiempos extraños y también de lucha, un tiempo de ponerle freno a la injusticia y el abuso. Quiero que mi hija abrace también esa causa, y que sea una lucha que aprenda de mí. Si es posible, ahora.

Hoy, junto con sus muñecas, hay también una caja llena de legos. Quizá parezca algo tonto, pero esta es mi silenciosa forma de dar un primer paso. Porque se puede hacerlo, humildemente, incluso desde el juego. Quitándole la presión del género a algo tan bonito como jugar. Quitándole el prejuicio y la huella sexista. Mi hija tiene princesas, pero también tiene heroínas y probablemente la más importante sea su madre. Me llena de orgullo eso: que la mire como yo la miro a ella, como yo las miro a ambas.

Quizá también, en su pequeña tierna cabecita, mi hija piense también en héroes. Y quizá piense en uno solo. Y ese quizá, con suerte, sea yo. 😍

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Publicado en: Tips

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