¿Cómo he conseguido que mi hija acepte sus “errores” sin castigarla?

minuto-pensar

Es ese momento del día en el que el cansancio golpea. O es muy temprano aún para estar despierto. La cosa es que no puedes más con tu hija. Ni tu esposa, ni tú. Y la niña, como se sabe, ha cogido todas tus energías y ahora juega con ellas. Estamos cansados y eso nos desordena aún más y ya se sabe que dos padres agotados no sirven de mucho. Al final, incluso, terminan restando.

¿Cómo frenar de súbito esta avalancha emocional? ¿Un castigo? ¿Funcionará un castigo? ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Acaso nos ha hecho algo esta niña sin prisa ni culpa? Nada, no nos ha hecho absolutamente nada.

Pero hay veces en que, como nosotros, ella necesita también un tiempo fuera. Y hay un método, uno del que hablan mucho, pero que pocos se atreven a experimentar, que nos ha servido mucho. Y a mí, personalmente, me atrae porque, aunque parezca un castigo, es, o más bien parece, otra cosa: tiempo para pensar.

Un minuto para pensar.

En realidad, parece bien sencillo, pero su eficacia es engañosa, pues reside en la personalidad del “pensador”. La idea es que esta invitación sea un momento en el cual el niño detenga todo lo que hacía y se dedique unos segundos a “pensar”. Y lo pongo entre comillas porque a ciencia cierta no sé qué pasará por la cabeza de mi hija cuando esto ocurre. Si en realidad piensa en por qué no debió hacer lo que hizo, en si hizo mal o no… en qué, a fin de cuentas, hizo para estar allí donde está.

Un minuto para pensar es eso: un pedazo de tiempo en el que mi hija se sienta, sola, en su cama. Y digo sola, pero es un decir: usualmente, cuando me toca, me quedo al lado de su puerta, entrejunta, detectando en el silencio algún signo que vaya más allá de aquella suerte de pacífico “castigo”. Es decir, de algún llanto ahogado o un resoplido. Algo. Y ha ocurrido poco, felizmente. En cambio, el tiempo fuera parece surtir el efecto deseado: hacer que Catalina respire un instante.

¿Puede un minuto frenar una avalancha de “rebeldías” (nótese las comillas: no creo que pueda llamarlas así ahora mismo) de esta niña de ojos grandotes y cabellera abundante?

Hay artículos a favor y en contra de esta acción. Quienes se oponen de algún modo lo juzgan, sobre todo, porque silenciosamente genera un momento estresante para el pequeño, pues se lo deja solo y, si acaso fuera su dormitorio, puede incluso generarle cierta aversión a este. Además, sostienen que, mientras piensan, pueden generar ideas equivocadas sobre lo que estarían haciendo mal, culpando a los padres por algo que ellos han hecho.

Para un padre primerizo, todo aquello que funciona para unos puede ser contraproducente para otros. Y siempre trato de relativizar y pensar que cada niño es un mundo aparte. En Catalina funciona, pero quizá en un tiempo hasta le guste estar sola. :/

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