¿Qué sucede dentro del cerebro de un niño? Esto es lo que dice la ciencia al respecto

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Varias veces me he asombrado al ver cómo, de pronto, mi hija puede abstraerse por completo en medio de un juego. Cómo, del más placentero trote hacia ningún lado, puede quedarse mirando a la nada por segundos… y segundos. Lo que pasa dentro de su cabeza, lo confieso, me causa una particular fascinación. Y tal parece que lo que allí ocurre no es poco.

Si ya he confirmado que, a sus dos años, mi hija es una ruleta rusa emocional, las conclusiones a las que llega un neurocientífico -cuyos resultados publica Fatherly en este interesante artículo– revelan que los niños se parecen mucho a las películas que nos obligan a ver.

Porque sí: tu hijo es Dory de Buscando a Nemo. Según el doctor Dean Burnett -que además es padre de dos niños-, mientras que los adultos tenemos esquemas basados en el conocimiento y la memoria para mantener cierto orden en la vida, para nuestros hijos todo es nuevo y excitante y, por ello, no tienen ni parecen necesitar la experiencia para “juzgar cosas”.

¿Es quizá por eso que, en lo que dura un paseo por el parque, mi pequeña puede maravillarse con un juguete relativamente nuevo tanto como cuando lo vio por primera vez? Al parecer, los menores de 7 años reciben y lanzan recuerdos al basurero como pañales sucios.

Pero eso no es lo único. Aquí listo las ideas más interesantes del artículo:

  • La repetición para ellos es muy importante y tiene que ver con las conexiones cerebrales que se van formando. Es por eso que pueden entrar en rabia si uno cambia repentinamente la rutina del día anterior. “Cuando sus expectativas no se cumplen, pierden el control”, dice Burnett.
  • El cerebro de un niño trabaja el doble que el de un adulto, pues no es hasta la adolescencia que este empieza a limpiarse de la memoria inservible. ¿Conclusión? Su cabeza está en constante revolución, lo que, lógicamente, los lleva a explotar cada tanto.
  • Hay una razón por la que tu hijo grita por todo: preservación. Un niño llora o hace un berrinche para captar la atención de un adulto o -desde un punto aún más evolutivo- para asustar a posibles depredadores y, al mismo tiempo, pedir auxilio. Así que la próxima vez piénsalo dos veces: no todo tiene que ver con el chocolate.
  • Hay también una razón por la que a tu hijo no le gusta la aceituna. “Los niños tienen diferentes sensaciones de gusto, por lo que algunos alimentos pueden ser más vívidos para ellos, como la espinaca o el brócoli (…) a diferencia del helado, que es dulce y al cerebro le gusta más porque significa más energía”, dice Burnett.
  • Con los años, las rabietas pasan, pero no así la intensidad de las emociones. Ello porque la memoria permanente (ver “Intensa-mente“: la disfrutarán) va haciendo su trabajo y diciéndole a los pequeños qué consecuencias trae consigo aquello que hacen. Así que prepárense: a partir de los 5 años probablemente sea más difícil lidiar con sus sentimientos.

Finalmente, nada de lo que hacen es su culpa. Recuerde: son cerebros formándose a una velocidad maravillosa, con todo lo que eso conlleva. “Ellos no quieren mantenerte despierto toda la noche, ni arruinar tu agenda ni hacer tu vida más difícil”, sentencia Burnett. Y sí, suspiremos pero creámosle. Él, a fin de cuentas, es el experto.

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