¿Estabilidad = Casa propia?

casa propia-1

Dos semanas han pasado desde que nos mudamos a un nuevo hogar. Dos semanas intensas que, cada uno a su manera, nos han dejado exhaustos. Dos semanas que recordaremos como un proceso que Catalina ha absorbido tanto como nosotros, un proceso sin vuelta atrás.

Era impensable, pero cuando ella nació, las prioridades que antes creíamos lejanas se acercaron tanto que fue imposible dejar de verlas. ¿Qué queremos para ella como estudiante? ¿Cómo queremos que crezca? ¿Quiénes serán sus amigos y dónde queremos verla crecer? Otras cosas, además, se hicieron reales. No, yo no podría criar a mi hija en una casa con un jardín enorme y muchos perros. Y si alguna vez pensé en que mi madre criara a mi pequeña como lo hizo con mi sobrino mayor, estaba equivocado: los años no pasan en vano.

Hace apenas unos meses, entendimos que debíamos dar un gran salto: buscar un hogar que fuera, al fin, nuestro. Nuestra casa o, en este caso, nuestro departamento. Debo admitir que no lo pensamos mucho, y que diversas circunstancias que ahora ya ni recordamos nos hicieron llegar aquí. La más importante, claro, es ella: Catalina.

¿O acaso, papá primerizo, no pensó usted en “sentar cabeza” de esta manera?

Debe ser la forma más natural de ser padre la de buscar la estabilidad. Claro, cuando esa palabra puede entrar en la revolución que es la paternidad. Es, digamos, el pensamiento más coherente dentro de las mil y un sorpresas de esta vida ajetreada.

Por nuestra parte, la familia se ha convertido en el eje central de nuestras vidas. En ver crecer a nuestra pequeña en un lugar tranquilo pero que a la vez le permita jugar, disfrutar de un parque o de una caminata, de un mercado y con la cercanía de los espacios que nos gusta visitar. Y eso es lo que, espero, consigamos aquí. Así nos cueste el sudor de años y años y sacrificios incontables.

Porque sí, una de las cosas que te trae un proyecto como el de la casa propia, además de la satisfacción de apostar por algo como ello, es también el de la incertidumbre. ¿Podremos aguantar un préstamo de 20 años? ¿Es justo que tengamos solo que pensar en eso como una prioridad? ¿Cómo afrontarlo cuando venga el nido o el cole, mi economía se triplicará con el correr de los años?

Confieso que no hay noche, desde que nos mudamos, en que no me invada una sensación extraña: la de estar frente a un enorme reto. El reto de nuestras vidas. Y probablemente Pao, a mi lado, piense o sueñe lo mismo. Y está bien, creo: dentro de todo, eso, como dice mi terapeuta, es lo que me permite avanzar. No quedarme quieto.

Obviamente, pienso en mi hija. Una casa es cualquier cosa menos lo importante en esta historia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s