¿Cómo invertir en tus hijos desde que nacen?

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Querida Catalina:

Cuando supe que estabas entre nosotros mi cabeza empezó a pensar en ti con cifras. Lentamente, empecé a hacer divisiones, multiplicaciones, sumas y, sobre todo, restas al imaginar el futuro cercano, mediano y hasta lejano. Ni siquiera habías llegado, pero era lo que había que hacer. Necesario no, diría más bien que nos salía natural.

¿Debía hacerlo, era casi un mandato en nuestra afiebrada nueva paternidad? Quizá. También quizá era la forma en que tenías de hacernos crecer un poquito más rápido. Los cálculos de tu llegada nos invadieron y de pronto éramos, tú mamá y yo, una hoja cuadriculada con mil planes y proyecciones. Podíamos hacerlo incluso de madrugada.

Lo primero fue, claro, tu cuidado en los nueve meses en la panza, y para ello tuvimos algo de suerte: un seguro privado que cubrió los controles de Pao y las ecografías de inicio a fin, además de las vitaminas y los exámenes de rutina que cada cierto tiempo tocaban.

Mientras ello ocurría, mi plan de inversión -porque sí, ¿por qué no habría de verlo así?- se centraba en tu llegada: la preparación de la habitación, las primeras ropas, la cuna. Pero rápidamente esa página de Excel se fue al tacho. ¿La razón? El babyshower se encargó de proveernos todo lo que necesitábamos -y mucho más-, mi hermana mayor nos prestó la cuna y apenas tuvimos que hacer unos cuantos gastos para implementar el cuarto: pintura, varios portaretratos y poco más.

(Yo, pequeñita, quería una silla mecedora pero ese deseo fue descartado de plano. Costaba mucho, primero, y después, como lo comprobaría, no serviría de nada a causa de tu extremo interés porque yo estuviera de pie a todas horas, cargándote).

Eso hasta que llegaste. Los primeros meses tuvimos la dicha de que te alimentaras de leche materna y el gasto apenas se supeditaba a los pañales (incontables pañales, de muchos tamaños, olores y niveles de agresión a la piel), al Gaseovet y a esas suntuosas tonterías que se me ocurría comprar, más que nada juguetes para niñas de más de 3 años (tú apenas tenías tres meses). Luego renuncié a un periódico, me embarqué en el mundo freelance y rogué para que, destinito fatal como siempre es, las finanzas no se convirtieran en nuestra mayor y más novelesca tragedia.

¿Ocurrió?

No. El destino fatal nos esquivó. Y eso lo agradecemos todos los días.

(Mi gran inversión son tus libros, quizá. Ojalá lleguen vivos hasta que cumplas dos años).

Bien. Sé que en algún momento las proyecciones y hojas de cálculo se harán más difíciles y largas. Sé que en algún momento tendremos que ajustar las finanzas cuando el nido o el colegio asomen su risueño rostro en la puerta, y por eso es que me interesó leer este artículo de Gestión. Sin embargo, y como ocurre casi siempre con los temas de negocios en medios peruanos, el lenguaje técnico me aburrió (y eso que trabajé mis meses en una sección de economía y creo saber algo) y rápidamente terminé un poco más confundido que al inicio.

Por eso, si has llegado aquí en busca de una respuesta sobre cómo invertir en tus hijos, fallaste.

Soy un papá primerizo, recuérdalo. Voy aprendiendo y lo de las finanzas realmente no me va mucho.

Sin embargo, la palabra invertir, nuevamente, me parece ideal y precisa. ¿O acaso nunca, aunque fuese en broma, le dijiste a tu mujer que su vejez estaría asegurada si lograban que tu hijo fuera el siguiente Messi o tu hija la siguiente presidenta del Fondo Monetario Internacional?

Sí, yo también pienso que algún día Catalina, o el trío de rock de hijos que a veces sueño con tener, se ocupará(n) de su viejito y le dedicará(n) un porcentaje mensual de su(s) sueldo(s) para engreírlo mientras este pierde el tiempo (el poco tiempo que le quede) en leer, dormir y viajar.

Hoy no sé si invierto, pero lo que sí hemos acordado con Paola es destinar mensualmente un porcentaje de nuestros ingresos en la futura educación de Catalina. Sí. Ya todos sabemos lo cara que es la cuota de ingreso a cualquier colegio o el pago de la mensualidad del nido. Yo digo que lo sé, pero en verdad no lo sé o acaso no lo quiero saber. Prefiero que el primer recibo por pagar me sorprenda como el aullido de un gato en plena noche oscura.

Mientras eso ocurre, ni siquiera pienso en un colegio soñado. Yo recuerdo lo agridulce de mi primer colegio y no me dan ganas de proyectar algo así para mi hija. Yo lloré cada inicio de clases hasta que fui muy grande, así que mi cabeza elimina esa imagen al pensar en Catalina.

Mientras eso ocurre, mis finanzas son una intriga, no así tu futuro, mi pequeña. Tu futuro es, y será, la mejor inversión que podamos hacer.

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2 comentarios en “¿Cómo invertir en tus hijos desde que nacen?

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