Así fue como perdí mi trabajo… para ser papá a medio tiempo

Y un día decidí dejar atrás siete años de trabajo en un diario importante del país.

Quién sabe si la decisión estaba tomada meses atrás, aunque sé que una sensación extraña por mi trabajo apareció luego de que nació Catalina.

Una especie de revelación, tal vez, o de ganas de cambiar de rumbo, o de mudarme, de volver a mis raíces.

Eso, volver a las raíces.

Desde antes de que mi hija naciera, las sesiones en terapia fueron siempre sobre ella y mi familia. Y sobre el temor. Y las preguntas eran también las mismas: ¿Estoy preparado para ser papá? ¿Podré cumplir con las expectativas de mi hija? ¿Qué puedo evitar en mí para, a su vez, evitarle a ella inmerecidos sufrimientos?

Las respuestas siempre fueron iguales: No puedo evitar nada. Voy a cumplir todas sus expectativas. Estoy preparado desde que Pao y yo nos enteramos que íbamos a ser papás.

Quien daba esas respuestas era yo.

Y lo cierto es que a partir de allí me he alojado en un mundo cautivante: el de la paternidad, un mundo  sacrificado que nunca se detiene y nos enfrenta siempre a algo nuevo. Cansa: mis ojeras son grandes pero no más grandes que las de mi hermosa mujer, y no hay un día en que no sienta inseguridad respecto a mis fuerzas, aunque es lo de menos: vaya que vamos ganando el partido.

Amo a mi hija de una forma indescriptible (y tengan en cuenta que lo mío son las palabras).

Desde que nació me preguntaba cuándo es que me regalaría, por fin, el pan que había traído bajo el brazo. Era una broma que le hacía algunas veces a su madre. Pues bien, creo que su pan fue más bien un pequeño mapa con un trazo simple o acaso un papel garabateado con una sola frase: “Es el momento”.

Elijo estar aquí, en esta casa, para cuidar a Catalina, pero, al igual que Pao, para cuidarme a mí. Elijo este momento particular porque es un año casi perfecto: me he comprometido, he tenido una hija, voy a llegar a los 33 con la cabeza llena de ideas y, lo mejor de todo, sin un plan.

El único plan es tener los sábados y domingos libres para ellas, mis mujeres.

Se lo dije a mi terapeuta y a todo aquel que me preguntaba, asombrado, qué sería de mí sin ese trabajo que es, para muchos, con justa razón, un trabajo soñado. “Pues lo primero que quiero hacer será pasar una primavera y un verano que mi hija recuerde: con mucho sol, paseos por el malecón y sonrisas”. Así. Simple. No necesito nada más. El resto de cosas están en mi cabeza y las disfruto cada vez que las transcribo.

Quiero ser feliz: así lo sintetizo. Me he dicho que una parte de mí se convirtió en papá a medio tiempo el 21 de febrero pasado, y lo cierto es que sí. Soy un papá crónico. Pero también soy un periodista que no quiere frenar(se) nunca. Volver a escribir en un blog como este me ha permitido también volver a nacer: siento hoy que no era tan honesto escribiendo como cuando cruzaba los 20 y pasaba noches en vela pergeñando historias que ya no tengo conmigo, fumando en el balcón de casa, con esa única y maravillosa idea en la cabeza: ser inmortal.

Mi hija me ha hecho inmortal. Y ahora quiero el siguiente capítulo: ser padre y periodista. Escribir historias que me sobrecojan, que me emocionen y alegren y entristezcan. Que me atraviesen y atraviesen el tiempo.

Quiero retratar el mundo, pequeña Catalina, para que, cuando crezcas y puedas leer esto, te sientas orgullosa de mí, de tu papá.

Y ahora que parece que tenemos todo el tiempo del mundo, empecemos.

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6 comentarios en “Así fue como perdí mi trabajo… para ser papá a medio tiempo

  1. Brekas dijo:

    Será el sereno pero creo que estamos en la edad, mi querido Papá Crónico, en esa edad de por fin saber qué queremos y cómo ser felices 🙂 La buena noticia es que, en estos casos, el camino que hayas elegido seguir siempre será el correcto!
    Ahora, a disfrutar de la vida de otra manera!!!

  2. Claudia Izaguirre dijo:

    Qué bueno que tu hija cuente contigo de esa manera. Y que pienses incluso en fines de semana “normales” con ella y tu familia. Y pongo normales entre comillas porque a quienes criamos hijos con esos horarios enrevesados y absorbentes de una sala de noticias, de una redacción, aunque lo hacemos con pasión, siempre hay algo que nos hace pensar si estamos en lo correcto o si estamos quitando tiempo a lo principal. Lo importante es que uno esté en paz consigo mismo y ser feliz.

  3. Kevin Martin Eneque dijo:

    Hola Alberto. Hoy revisando unos antiguos apuntes encontré tus datos y con sorpresa junto a ellos la ruta de tu blog. Discúlpame por tomarme la licencia de expresarte mis felicitaciones, pero en especial mi agradecimiento por tus acertados y oportunos temas. ¡Adelante maestro…!

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