El mejor regalo para Catalina: una madre que amamanta

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Todavía puedo verte en esos primeros días en que luchabas pese al dolor y el miedo, y aún ahora me siento orgulloso cuando, cada madrugada, olvidándote del frío y la humedad de la casa, acercas a Catalina a tu pecho y la alimentas.

Ya incluso desde la panza sabía, Pao, que Catalina iba a tener una mamá poderosa. Primeriza pero sabia y decidida como ninguna otra a darle el mejor regalo posible.

Al inicio, lo sabes, no fue fácil, y ello a pesar de que la pequeña se prendió de ti apenas la llevaron al cuarto de la clínica. Tuvimos dos buenas enfermeras que, aunque eran frías, te dieron los primeros consejos para hacerlo, te dijeron que debías hacerle cosquillas en su piecito para mantenerla despierta y, sin más, te dejaron libre, con Catalina para ti y tú para ella.

Ya luego vendría lo duro. “¿Está saliendo leche? ¿Estará comiendo lo suficiente? ¿Y si le damos fórmula?”, eran tus preguntas constantes de mamá amorosa. Sí, le estabas dando la leche necesaria y no debíamos darle fórmula. Bastaba contigo, con tu instinto y la inteligencia de tu cuerpo. Catalina tenía todo, y nuestros besos y las veces en que calmábamos su llanto bastaban para hacerla sentir segura. Así fue.

Ya luego vino lo más duro, y fue el dolor que te producía cada mamada. Las heridas habían empezado a salir y era frustrante para mí, pero sobre todo para ti, acompañarla en cada comida sin evitar el dolor de cada succión. No era, por supuesto, culpa de nadie: a veces el amor tiene estas pequeñas espinas.

En algún momento pensamos incluso en parar ahí, en quemar esta etapa recurriendo a la fórmula como una salida que, creo ahora, nos hubiera frustrado todavía más. Pero no: la batalla había empezado y teníamos que sobrellevarlo de la mejor manera.

Puedo ver ahora tu rostro entristecido, mezcla de dolor y amor, mezcla de tripas y corazón, y también te veo luchando contra el sueño, cada una de esas madrugadas que iluminábamos con lámparas, como si no hubiera noche, y te veo con fuerza, nunca llorando, siempre pendiente de la pequeña a quien, sin darte cuenta, regalabas la primera gran lección de su vida.

Con tu pecho, con tu alimento y a veces incluso hasta con tus lágrimas, ambas estaban sellando el lazo que hoy crece como ella, día a día.

Y yo te amo por eso.

(Ya luego vendría lo más reconfortante, y es lo que ahora veo: ambas convertidas en una sola persona, en la mujer de mi vida. Perdonen por tanta dulzura).

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4 comentarios en “El mejor regalo para Catalina: una madre que amamanta

  1. Karin dijo:

    Muy lindo como describes el gran rol de las madres, un pequeno consejo, en las farmacias venden una crema para los pezones y hacen la lactancia menos dolorosa ;).Saludos!

  2. Claudia Izaguirre dijo:

    Amamantar a mi hijo es una experiencia que siempre llevaré conmigo, es el mejor regalo a un hijo pero también es la manera de irse enamorando cada día más de él o ella mientras contemplas su rostro o lo acaricias y la criatura sigue mamando, creciendo, viviendo…

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