No sé si es de día o de noche

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El silencio que de pronto ha inundado la sala es la señal inequívoca de que por fin tendremos una hora para descansar. O, al menos, para intentarlo.

No sé si es de día o de noche en esta habitación en la que hemos preferido no abrir las cortinas. Es una decisión sencilla -no queremos que la luz moleste a Catalina-, pero también es un error que, sin querer, agotará, constantemente, interminablemente, nuestras últimas recargas de energía.

Somos un par de pilas Made in China.

Por entonces era imposible saber que, con ayuda de sus padres y el simple manejo de la luz en una habitación, un bebe podría rápidamente aprender a distinguir el día de la noche, y ajustar así su reloj corporal y, en consecuencia, sus horas de sueño y nuestra paz.

Sí, debimos saberlo, pero qué sabe uno de nada cuando se ha recibido un cuerpecito que poco antes había sido lanzado al mundo sin manual de instrucciones.

Estamos horriblemente cansados y el tiempo transcurre y lo único que parece alertarnos de su paso son los sonidos de nuestros estómagos hambrientos. Los bostezos no dicen nada, las ojeras ya son parte del paisaje de nuestros rostros. Nuestro incomprendido mal humor es, sin embargo, el mejor humor que somos capaces de tener. Y seguramente el único.

Es muy fácil darse por vencido en estas primeras semanas con Catalina. Es así de simple. Así que optamos por la que parece la mejor estrategia a seguir: sacrificarnos por turnos. Porque sí: quien diga que los primeros días de la paternidad no son un sacrificio, quien diga alguna vez que todos esos primeros momentos fueron maravillosos, estará mintiendo.

Luego de la primera semana, una semana idílica con un pequeñín o pequeñina en casa, no hay un solo instante en que mi paciencia no sea puesta a prueba.

Y entonces, pues, nos sacrificamos: primero yo dejo que Paola duerma un poco, aunque también pocas sean las veces en que acepte hacerlo: duerme muy poco. Y empiezo la chamba: cargo a mi hija y, cómo no, me quedo otra vez pegado a su rostro, a sus dedos mínimos, me acerco a su cuello y huelo y huelo, y también intento, como un juego, respirar tan rápido como ella lo hace.

Pasa el tiempo, aunque eso yo no lo sé.

Luego, intempestivamente, veo a Paola. Sin cruzar palabra, sé que es mi turno de descansar, o de al menos intentarlo. Echado en un sofá o en la cama, veo con los ojos entrecerrados cómo la escena se repite: mi mujer carga a su hija, la observa detenidamente, como si no hubiera mañana; la mima, le huele una y otra vez el cuello, la consuela y, al fin, intenta alimentarla -¡ah, doloroso aprendizaje de la lactancia!- hasta que los poquísimos kilos de Catalina caen nuevamente rendidos en un sueño hermoso.

Mientras tanto, la casa parece desplomarse. Pienso: esta casa es como cualquier otra casa de unos padres recién estrenados: la ropa sucia se amontona, la comida se malogra, hay mucha agua para calmar la sed, las luces de las lámparas están prendidas, a veces, muchas veces, sin razón; la cama, destendida, nos espera todo el tiempo, siempre está tibia; los teléfonos suenan pero apenas y respondemos, el ruido exterior parece venir de otra galaxia, la luz entra pero es imposible definirla: puede ser natural o de los postes o puede anunciar el amanecer o el anochecer. Nuestra vida se ha convertido exactamente en eso que nos dijeron que iba a ser: un caos perfecto. Ella el sol, nosotros los planetas.

Todo esto acabará con los días, las semanas, claro. Pero mientras tanto, así sea. Felices o cansados, felices o malhumorados, de noche o de día, felices al fin, así sea.

**** Esta canción me hizo muy feliz y resume las primeras semanas con mi hija. No recuerdo cuántas veces la he puesto, ni cuántas veces Catalina se durmió en mis brazos, oyéndola. “And we can whisper things / Secrets from my America dreams / Baby needs some protection / But I’m a kid like everyone else”.

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6 comentarios en “No sé si es de día o de noche

  1. adrianriosgoicochea dijo:

    Esa frase de “But I’m a kid like everyone else” engloba perfectamente toda la historia. Esa búsqueda de balance de los padres primerizos que saben que es casi imposible de encontrar y, mientras esperan a que lleguen, admiran la obra de arte que puso sus mundos de cabeza… para bien.

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